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lunedì 18 marzo 2019

Gender y sexualidad: ir a las fuentes

psicologiaevitacristiana, Wenceslao Vial
Carta al Editor: "Tratamiento endocrinológico de personas con disforia o incongruencia de género: las líneas guía de la Sociedad de Endocrinología clínica"
(Letter to the Editor: "Endocrine Treatment of Gender-Dysphoric/Gender-Incongruent Persons: An Endocrine Society Clinical Practice Guideline")
 Michael K. Laidlaw, Quentin L. Van Meter, Paul W. Hruz, Andre Van Mol, and William J. Malone. Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism, March 2019, 104(3): 686-687.

Se presenta un artículo publicado por la misma revista que dio a conocer en el 2017 la guía de la sociedad americana de endocrinología clínica, para tratar a personas con problemas de identidad o disforia de género (malestar ante el propio sexo biológico o incongruencia). Su lectura es interesante, pues en diversos países se están promoviendo leyes, copiadas unas de otras, que afirman que lo relacionado con el género no es de competencia médica. Los autores constatan un aumento de niños con este problema, debido al contagio social (propaganda). Estos niños están siendo sometidos a arriesgados procedimientos, sin la necesaria valoración científico-crítica y ética. El bloqueo de la pubertad, que se hace con el llamado tratamiento de afirmación de género (GAT del inglés, o TAG), a través de hormonas sexuales, provoca un aumento del riesgo de tumores, de formación de trombos y enfermedades cardiovasculares. Además, lleva a alterar irreversiblemente la fertilidad natural. Este modo de actuar no encuentra justificación médica, teniendo en cuenta que existe un tratamiento psicológico que se ha demostrado eficaz, y con menos efectos adversos, para la Disforia de género en la infancia (también conocido como trastorno de identidad de género).   

                                    Artículo original en pdf

                                   Traducción al español en pdf 

La disforia de género en la infancia (DG) no es una afección endocrinológica, sino que se transforma en este tipo de patología, a través del bloqueo iatrogénico de la pubertad (PB) y el uso de dosis altas de hormonas del sexo cruzado (HDCS, por sus siglas en inglés). Las consecuencias de esta terapia de afirmación del género (TAG) no son triviales e incluyen una esterilidad potencial, disfunciones sexuales, enfermedad tromboembólica y cardiovascular, y la aparición de tumores o malignidad (l, 2).

            No existen pruebas de laboratorio, de imagen u otras pruebas objetivas para diagnosticar a un niño "transgénero verdadero". Los niños con DG superarán esta condición al llegar a la edad adulta, en el 61% al 98% de los casos (3). Actualmente no hay manera de predecir quién desistirá y quién permanecerá disfórico. Se desconoce el grado en que este tipo de tratamientos (TAG) ha contribuido al rápido aumento de la prevalencia de la enfermedad en los niños. El reciente fenómeno en que chicas adolescentes desarrollan repentinamente una DG (DG de inicio rápido), sin haber tenido antecedentes, a través del contagio social, es algo particularmente preocupante (4).
            Los agonistas de la GnRH (hormona liberadora de gonadotropina) se utilizan en la pubertad precoz para retrasar el inicio anormalmente precoz de la pubertad, hasta una edad fisiológicamente normal. Sin embargo, el objetivo del PB en el niño sano es inducir un hipogonadismo hipogonadotrópico, para "ganar tiempo" y confirmar la incongruencia de género. En un estudio sobre el PB en adolescentes de 11 a 17 años de edad, el 100 % deseaba continuar con el tratamiento tipo TAG. Con esto, simplemente "compraron" para ellos una menor densidad ósea y la necesidad de una terapia médica de por vida (5).
            Los estudios muestran que < 5% de los adolescentes que reciben TAG intentan preservar la fertilidad (6). Los que ya iniciaron el bloqueo de la pubertad (PB) en el estadio II de Tanner, como recomiendan las directrices actuales, bloquearán el proceso antes de la maduración de los espermatozoides y la liberación de óvulos. No tendrán perspectivas de tener descendencia biológica, mientras tomen las hormonas del sexo cruzado (HDCS) y continúen hacia la gonadectomía.
            Las pautas de la Sociedad Endocrinológica recomiendan elevar el nivel de testosterona de las mujeres de un nivel normal de 10 a 50 ng/dL a 300 a 1000 ng/dL, valores que se encuentran típicamente en los tumores que segregan andrógenos. Los ovarios de las mujeres que reciben testosterona corresponden a los que se encuentran en el síndrome de ovario poliquístico (SOPQ), que a su vez está asociado con un mayor riesgo de cáncer de ovario y anomalías metabólicas (1). El riesgo de tromboembolismo venoso se quintuplica en los hombres que toman estrógeno (2).
            Las consecuencias sanitarias del TAG son muy perjudiciales. Las evidencias declaradas en las pruebas que aparecen en las directrices son de baja calidad y la certeza diagnóstica es escasa. Además, los limitados datos de resultados a largo plazo no logran demostrar el éxito a largo plazo en la prevención del suicidio (7). ¿Cómo puede un niño adolescente, o incluso un padre, dar su consentimiento genuino para dicho tratamiento? ¿Cómo puede el médico administrar éticamente el TAG sabiendo que una cantidad significativa de los pacientes sufrirán daños irreversibles?
            Se necesitan ensayos clínicos controlados aleatorios, basados en hipótesis, para establecer y validar la seguridad y eficacia de los enfoques de tratamiento alternativos para esta población vulnerable de pacientes. Se ha demostrado que los modelos de atención existentes basados en la terapia psicológica alivian la DG en los niños, evitando así los cambios radicales y los riesgos para la salud del TAG (8). Esta es una terapia obvia y preferida, ya que es la que menos daño hace y la que más beneficios aporta.
            En nuestra opinión, los médicos necesitan examinar el TAG a través del ojo objetivo del científico clínico, en lugar de hacerlo con la lente ideológica de un activista social. Este enfoque ayudará en última instancia a muchos más niños con disforia de género.
Referencias
1. Hembrec WC, Cohen-Ketenis PT, Cooren L, Hannema SE., Meyer WJ. Murad MIH, Rosenthal SM, Safer JD, Tangpricha V, TSjoen GC., Endocrine treatment of gender_dysphoric/gender-incongruence persons: an Endocrine Society clinical practice guideline. J Clin Endocrinol Metab. 2017; 102( 11): 3869-3903.
2. Irwig MS. Cardiovascular health in transgender people. Rev Endocr Mctab Disord. 2018;19(3): 243-251.
3. Ristori J, Steensma TD. Gender dysphoria in childhood. Int Rev Psychiatry. 2016; 28 ( 1): 13-20.
4. Littman L. Rapid·onset gender dysphoria in adolescents and young adults: a study of parental reports. PLoS One. 2018; 13(8): e0202.330.
5. de Vries ALC, Steensma TD, Doreleijers TAH, Cohen-Kettenis PT. Puberty suppression in adolescent with gender identity disorder: a prospective follow-up study. J Sex Med. 2011; 8(8): 2276-2283.
6. Nahata L, Tishelman AC, Caltabellotta NM, Quinn GP. Low fertility preservation utilization among transgender youth. J Adolesc Health . 2017; 61(1), 40-44 .
7. Dhejne C, Lichtenstein P, Boman M, Johansson AL, Längström N, Landén M. Long-term follow-up of transsexual persons undergoing sex reassignment surgery: cohort study in Sweden. PLoS One. 2011; 6 (2): e16885.
8. Zucker KJ, Wood H, Singh D, Bradley SJA. A developmental biopsychosocial model for the treatment of children with gender identity disorder. J Homosex. 2012; 59(3): 369-397.


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